Tuesday, January 24, 2006

Sinceraciones

Sinceraciones


Entrevista a Ramón Campayo.


El sentimiento es la fuerza de la mente


Desde hace cuarenta años deambula por nuestro país un albaceteño prodigioso, que posee un cociente intelectual de 194. Es una de las personas más inteligentes, ya no sólo del ámbito nacional, sino a nivel mundial. Hace unos meses consiguió otro récord de memorización, uno más en su haber. Pero sin duda su gran marca la estableció el nueve de noviembre del 2003. Aquel año pulverizó 15 récords mundiales de memorización en menos de una hora. A pesar de sus grandes dotes intelectuales es un hombre cercano, próximo, cuya mayor pasión es emplear toda su capacidad para beneficiar a todo aquel que le rodea. La vanidad no es una característica que le defina, sin embargo, como a cualquier ser humano le gusta ser reconocido, y por ese lado tiene una “espinita” clavada, algo que inconscientemente surge en medio de cualquier conversación.
Él es Ramón Campayo, una persona corriente, que camina como cualquier ser humano, pero que en su cabeza posee una herramienta, superior a más de la mitad de los mortales. En su haber podemos destacar gestas épicas como memorizar 23.200 palabras en 72 horas de una sola vez. Se le preguntaron 500 palabras, en qué orden y acertó 498. Tiene el récord mundial de memorización. Es capaz de leer una combinación de veinte números binarios (ceros y unos) en 3 décimas de segundo. Por algo se le conoce como la “memoria más rápida de la historia”.


Infancia problemática.

Pero una persona con estas características, que ya venían genéticamente “acompañándole” el día de su nacimiento, tuvo una infancia curiosa, distinta a la de cualquier niño corriente. Ramón Campayo destaca que él era muy consciente de todos sus actos desde que tenía un par de meses. Recuerda perfectamente esas primeras papillas y maicenas que su madre le daba para comer. En aquella época tenía un hermano mayor, de un año, que empezaba a andar. Él aún no era capaz, por eso se sentía inválido. Cuando cumplió un año, según recuerda, su padre comenzaba a ayudarle a andar, y las primeras veces que no lo consiguió acabó llorando. Pero él no lloraba por hacerse daño, sino por no poder hacerlo. Aquí empezaba a demostrar su espíritu competitivo.
Sin embargo, en la escuela, en sus comienzos, no destacaba apenas. De hecho consideraban que era de los más atrasados de la clase. Era un niño con mucha imaginación, que estaba perdido totalmente en clase. Él no atendía sino que de alguna manera disfrutaba de su particular “mundo”. Hasta que llegó a primero de EGB, cuando de repente, comenzó destacar. Con siete años ya entendía todo perfectamente, estudiaba las matemáticas por sí mismo y a mucha velocidad.
A partir de ese momento comenzó a desarrollar un “papel” en la escuela. Estaba aburrido y tenía problemas de relaciones con los demás chicos de su edad. Entonces se “hacía el tonto” para no ser considerado un “listillo”.
En el instituto ya destacaba sobremanera, les proponían un problema y exponía la solución en poco tiempo. Muchos chicos decían que era muy rápido pero realmente no sabían que él decía la solución mucho más tarde de cuando realmente ya la sabía.

Yo soy mi mejor amigo” “En este país cuando alguien destaca van a darle el palo”

Siempre intentaba no destacar en demasía, porque era consciente que eso despertaba envidias en los demás alumnos.
Ramón Campayo nunca ha estudiado en su casa, siempre aprendía en clase y señala que él ha diseñado un sistema que permite a cualquier persona aprovechar lo estudiado en clase. Según su opinión, con su método no es necesario permanecer horas delante de un libro.
Es una persona que siempre se ha tratado bien, según declara”yo soy mi mejor amigo”.
Ramón Campayo confiesa que ha pasado épocas de su vida en las que se ha encontrado muy solo, en las que no ha tenido el apoyo de nadie, sin embargo ha aprendido a vivir en esas situaciones y nunca se ha venido abajo. Asumía que en ese tiempo las circunstancias discurrían de ese modo y lo aceptaba. Explica que hay gente que tiene un nivel cercano al suyo y se deprimen, se sienten mal, que no saben como actuar. Él por contra, se ha hecho más fuerte con estas experiencias, y lo compara con una persona que lo pasa mal: “Si a un amigo no le dejas solo y lo apoyas más cuando más lo necesita, debes hacer lo mismo contigo mismo”.

Poco valorado.
Pero eso sí, recalca, con un cierto aire de amargura, que en este país cuando alguien destaca “van a darle el palo”. El refrán de nadie es profeta es su tierra se puede aplicar al caso del albaceteño. Se siente maltratado por su país. Pone ejemplos, como en el año 2003, cuando después de conseguir los 15 récords mencionados anteriormente hizo una propuesta al Gobierno de Castilla- La Mancha, pues quería tener una deferencia con su comunidad. Se ofreció a impartir charlas en las facultades de la región para ayudar a los alumnos, pero tuvo como contestación un rotundo no. Eso, a pesar de que no pedía ningún tipo de remuneración. Para Ramón Campayo resulta “incomprensible”.
También recalca que lleva participando desde hace muchos años en campeonatos del mundo representando a España y no ha recibido ningún tipo de subvención o beca que le ayude a hacer frente a los gastos de estancia en el extranjero. Por estas razones no se siente reconocido y tiene muy claro que su futuro está fuera de España. Tiene pensado pedir la doble nacionalidad en un breve tiempo, en un país que le aporte lo que el suyo le niega. “Hay muchos países interesados en que adopte su nacionalidad y les represente”, afirma tajantemente Ramón Campayo.
Este tema le indigna y es algo que se demuestra en su rostro, frunce el ceño y se le nota un acento más quejicoso y de cierto rencor. Subraya que no ha recibido ningún tipo de ayuda de su país, que no se acuerda de él para nada, pero que sin embargo cuando su libro “Desarrolla una mente prodigiosa” se convierte en bestseller se acuerdan de él, en concreto Hacienda, para quitarle casi la mitad de sus beneficios. “Yo, ¿que le debo a España?”, se pregunta y él mismo responde, “cero”. A partir de ahora defenderá a Ramón Campayo única y exclusivamente, a expensas de obtener otra nacionalidad.
“He sido campeón del mundo pese a ser español”, recita cuidadosamente para dejar claro su parecer.
No quiere que pensemos que no lleva una buena vida, que no tiene amigos. Todo lo contrario, se siente a gusto con sus amigos, con sus alumnos, y destaca que siempre estará a su disposición.
Actualmente, sus principales pasiones son la investigación y la enseñanza. Los récords de memorización los deja en un segundo término, ya que no tiene contrincantes y no le aportan alicientes. Enseñar le satisface más y le recompensa. Por ejemplo, hace pocos meses ha conseguido que una alumna suya sea subcampeona del mundo de memorización. “Esto demuestra que mis técnicas funcionan con todo el mundo”, explica orgulloso el albaceteño.
He sido campeón del mundo pese a ser español”
En primavera presentará su último proyecto, un libro titulado “ Aprende cualquier idioma en una semana”, un proyecto que según dice revolucionará todos los sistemas de estudio que hay establecidos hoy en día. A través de su método consiguió aprender alemán en 2 horas, durante el transcurso de un viaje en avión a Munich, y fue capaz de dar una charla y responder a preguntas, eso sí era un alemán simple, pero consiguió hacerse entender. Se aprende lo justo para desenvolverte en ese idioma. “Siguiendo este método en poco tiempo, dominas un idioma”, según cuenta el albaceteño.
Además de todos estos consejos Ramón Campayo considera que el miedo, la angustia, la presión de las notas, etc, impiden a los alumnos concentrarse cuando van a realizar un examen. Éste piensa que si te tratas como tu mejor amigo llegas a cumplir tus objetivos. No hay que obsesionarse con los resultados, sino intentar hacer las cosas porque quieres, según afirma “Todo depende de ti”, porque, “tu eres tu juez”, es decir, de alguna manera está convencido de que decidimos nuestro destino.
Según sus investigaciones y a través de sus teorías existenciales, afirma que existe Dios, pero que no es uno, sino que es el conjunto de todas las almas. Ramón Campayo opina que cada uno de nosotros tenemos un alma y que éstas evolucionan. “Cualquier persona que se proponga un objetivo lo conseguirá, pero debe sentirlo” . Para el albaceteño “el sentimiento es la fuerza de la mente”.
Tu eres tu juez” “¿Yo que le debo a España?, pues cero, nada”

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